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FERIA OLÉ 2007 Competencia Mistral
La
luna se hizo pastora Salvador
de Madariaga La Luna se hizo pastora para guardar las estrellas que pacen yerba de luz en las celestes praderas. En cuanto rayaba el alba, se ponía a recogerlas, para que, al salir el Sol, dormiditas ya las viera. Una mañana de otoño, una mañanita fresca, la Luna vio con disgusto que le faltaba una estrella. Las contaba con los dedos: no le salía la cuenta. “Falta una. ¿Cuál será?”, se decía muy inquieta. Mirándolas más despacio, la Luna al fin se dio cuenta que era la más chiquitita de siete que juntas juegan a la Osa Mayor, al Carro, y a veces a la Cazuela. Todo el día la buscó sin conseguir dar con ella. Pero ya al anochecer, cuando todas se despiertan, vio la Luna en su lugar a la vagabunda estrella. “¿Dónde has estado este día?”, preguntó la Luna, seria. Y la estrella contestó: “pues, al trasponer la cresta, di un saltito para ver lo que pasaba en la Tierra; y de pronto me encontré una pastorcita tierna llorando lágrimas vivas como rocío en pradera. “¿Qué te pasa, pastorcita, que lloras con tanta pena?” “He perdido mi tesoro en lo espeso de la selva: la oveja que más quería, la he perdido en la floresta.” “Vamos juntas a buscarla”, dije para socorrerla. “No –contestó la pastora-, no, que no podremos verla, porque en lo espeso del bosque ni la luz del Sol penetra.” “Ven, que yo te alumbraré, que estoy de luz siempre llena.” Y entré con la pastorcita en aquella selva espesa. A los pocos pasos vimos la tan deseada oveja, que, rendida de cansancio, dormía sobre la yerba. Tanta alegría me dio ver la pastora contenta, que di un salto de placer y al punto dejé de verla: “del salto me había plantado aquí entre mis compañeras.” Una estrella verde dijo: “pues no te creo, embustera.” Y la Luna replicó: porque huele a mejorana y a romero y a verbena; y esos aromas los da sólo mi madre la Tierra.” |
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