COMPETENCIA GARCÍA LORCA 2007                                                                  CUARTO GRADO
 
 

La cotorra muda

Basado en el cuento de Emma Romeu

Guión de María P. Acosta

 

Personajes

 

El guardíán

El cliente

Martina Lavanda

La cotorra muda (verde con frente blanca)

El papagayo

La guacamaya

El perico

El veterinario

El tucán

El loro

El barbudo

Cinco chicos del Club de Pájaros Pérdidos

 

 

Escenario

 

La obra tiene lugar en un aviario.  Al fondo del escenario se colocarán gradas (portable risers) para que “las aves exóticas” se puedan posar.    A un costado del escenario debe colocarse una silla y una mesita pequeña con un teléfono para el guardián, alrededor debe haber botellas y latas desechadas. 

 

Utilería

 

Un maletín para el Veterinario

Una saya de tela floreada para Martina

Una sombrilla para Martina

Un sombrero con frutas de cera para Martina

Una cesta de mimbre con la inscripción “Martina Lavanda, Terapeuta de Aves.”

Higos, semillas de girasol, y otras frutas para la cesta de Martina

Una linterna para el Barbudo

Plumas sueltas de muchos colores

Cartel o camisetas para los Chicos del Club de Pájaros Pérdidos

 

 

 

 

 

 

 

ESCENA 1

 

 

(Se abre el telón.  Están en el escenario todas las aves con su típico jolgorio.  El Guardián está sentado en su silla.  Entra el Cliente. Mira detenidamente a todas las aves y especialmente a la cotorra muda.  Luego se dirige al Guardián.)

 

Cliente:           Quiero llevarme esta cotorra verde de frente blanca.  Haré que me llame por                             mi nombre en las mañanas:  ¡le enseñaré a decirme Joel!

 

Guardián:       Imposible, señor.  Nunca nadie la ha escuchado hablar, y nadie lo hará.            

 

Cliente:           (Con firmeza) ¿Cómo dice?  ¿Qué es muda?  No lo creo.  ¡Estoy seguro que la                                   haré hablar.  ¿Cuánto pide por ella?

 

Guardián:       (Displicente)  Le dije que es muda.  No la vendo.

 

Cliente:           Y yo le dije que la haré hablar.  ¿Cuánto pide?

 

Guardián:       No tiene precio, ya que es muda. 

 

Cliente:           (Insistente)  Me parece que al dueño de este aviario le interesaría mucho obtener                                  un vistoso papagayo.  Es una especie que no tiene aquí.  Se lo puedo dar a cambio                        de la cotorra verde de frente blanca. 

 

Guardián:       (Intrigado)  Ah, si.  Y de dónde saco Ud. ese vistoso papagayo.

 

Cliente:           (Impaciente) Eso no importa.  Lo que importa es que quizás el dueño le aumente                                  el sueldo cuando vea el buen trueque que ha hecho si se queda con un vistoso                               papagayo y se deshace de una tonta cotorra muda. 

 

Guardián:       (Dudoso)  ¿Ud. cree? 

 

Cliente:           (Entusiasmado)  Pues, claro.  Ahora mismo le traigo el papagayo.  (Sale del                            escenario y trae al papagayo que entra a regañadientes.)

 

Guardián:       (Revisa de arriba a abajo al papagayo)  ¡Perfecto!  Me parece que es una buena                               idea la que me propuso. 

 

Cliente:           (Rápidamente se apodera de la cotorra.)  ¡Perfecto para mí también. 

 

(Sale del escenario con la cotorra muda mientras el papagayo toma su lugar con grandes alaridos.  El guardián y las aves lo miran escandalizados, haciendo gestos de disgusto.  El telón comienza a cerrarse lentamente.)

 

 

 

 

 

 

ESCENA 2

 

(Se abre el telón lentamente con el jolgorio de las aves.  El Papagayo es el más enérgico y el que más ruido hace.)

 

Guardián:       (Reflexionando)  Este vistoso papagayo ha resultado ser un gran gritón.  Y muy                                    vanidoso también. 

 

(Procede a sentarse en su silla, al costado del escenario.  Entra el Cliente muy enojado.)

 

Cliente:           Vengo a devolver esta cotorra.  Me desespera su silencio.  Han pasado tres meses                                y no ha dicho palabra .  Ni siquiera hace los sonidos chillones de su especie.                                     Tiene que estar enferma.

 

Guardián:       Se lo dije, pero Ud. insistió. 

 

(El Cliente arroja groseramente a los brazos del Guardián la cotorra que se tambalea.  Procede a agarrar al Papagayo que lanza unos gritos horribles.  Salen ambos del escenario.  El Guardián ayuda a la Cotorra Muda a subir a las gradas.)

 

Guardián:       Después de todo, me alegro de que se haya ido al Papagayo.  Gritaba demasiado.                                Ahora que está de vuelta La Cotorra Muda, vamos a tener más tranquilidad.  (Se                                  detiene, pensativo.)  Pero, quizás esta cotorra está enferma. Nunca había visto yo                                 una cotorra muda.  (Se acerca a la cotorra y la mira detenidamente.  Le da la                                  vuelta una o dos veces, revisándola.)  Tendré que llamar al veterinario.  (Se dirige                  al teléfono y marca un número.)  Señor Veterinario, necesito que venga al aviario.                        Quiero que me revise a una cotorra que no habla.  Está totalmente muda.                                              ¿Cuándo puede venir?  (Pausa)  Sí, sí, puede venir ahora mismo si así quiere.                           Gracias.  Lo espero.  (Cuelga el teléfono y se sienta en la silla.  Coge una de las                          botellas del suelo empieza a beber.) 

 

(Entra el Veterinario.  El Guardián se para y le da la mano.)

 

Veterinario:    Buenos días, ¿cómo estamos?  Soy el Veterinario y vengo a examinar a esa rara                                    cotorra muda que Ud. dice que tiene aquí.

 

Guardián:       Gracias por venir tan pronto.  Venga conmigo.  (Llevándolo a la Cotorra Muda.)                               Aquí la tiene.

 

(El Veterinario comienza a revisar a la Cotorra Muda, hurgándole entre la plumas,  mirándole los ojos, etc., mientras el Guardián mira con gran curiosidad.) 

 

Veterinario:    ¡Nada por aquí!  (Después de revisarle la boca y la lengua)  ¡Y nada por allá!  (Después de mirarle los oídos.)  ¡Esta cotorra está más sana que yo!

 

(La Cotorra Muda vuelve rápidamente a su puesto en las gradas bajo la mirada atónita del Guardián.)

 

Guardián:       (Desconcertado, encogiendo los hombros)  Lo nunca visto, una cotorra muda.                                para colmo, no es por enfermedad.   ¿Está Ud. seguro que no está enferma?

 

Veterinario:    Bueno, estoy seguro de que no es enfermedad del cuerpo.  Ahora bien, se                                            puede sufrir por enfermedades del alma,  como nostalgia, tristeza, quien                                                 sabe. (Encogiéndose de hombros) Algo que un veterinario como yo no puede                                  remediar.  

 

(El Guardián se desconcierta aún más con las profundas palabras del Veterinario y se rasca la cabeza una y otra vez al mismo tiempo que mira a la Cotorra Muda.)

 

Guardián:       Pues, no entiendo.  Es la primera vez que me tropiezo con una cotorra muda.  Y la                    verdad, Señor Veterinario, (tocándose los ojos) yo sólo tengo estos dos ojos.  No                               puedo ver de otra forma.  (Moviéndo la cabeza de lado a lado.)  No                                          sé que hacer. 

 

(Mientrás el Veterinario y el preocupado Guardián hacen que están platicando sobre la cotorra entra Martina por el lado opuesto del escenario.  Martina viste de falda floreada, trae una sombrilla de colores y un elegante sombrero adornado con frutillas de cera.  Del brazo le cuelga una cesta de mimbre con la siguiente inscripción:  “MARTINA LAVANDA, Terapeuta de Aves.”  Cuando las aves la ven, se alborotan.) 

 

Martina:         Buenos días a todos.

 

Guardián, Veterinario:          Buenos días.

 

Veterinario     (Leyendo la inscripción de la cesta)  Señor Guardián.  Aquí tiene alguien que                          quizás lo pueda ayudar con su cotorra muda.         Y con su permiso, me voy a curar a                            otros animales que me necesitan.  (Sale del escenario el Veterinario.)

 

(La Guacamaya se acerca Martina por atras.)

 

Martina:         (Dirigiéndose a la Guacamaya)  Veo que te has recuperado desde que el viento                                 tumbó tu nido.  No todas las aves superan perder sus huevos.

 

(La Guacamaya sonrié tímidamente y toma la mano de Martina en gesto de agradecimiento.  Martina saca de la cesta una gran nuez y se la ofrece.  La guacamaya toma la nuez con sus alas y se retira a su puesto.)

 

(El Perico se acerca con gran aleteo a Martina.  Se detiene frente a ella y la mira con gran autoridad.  El Guardián mira la escena con gran interés.)

 

Guardián:       (Dirigiéndose a Martina)  Algunas de nuestros huéspedes tienen muy mal                                            carácter.

 

Martina:          (Socarrona)  Tiene razón, Señor Guardián.  Algunas aves tienen malas pulgas.                                     Como este perico que nació en un aviario de Tamaulipas pero por no llevarse bien                    con nadie los aviarios y los zoólogicos se lo traspasan constantemente.  Así que                                  ha vivido en San Luis Potosí, Oaxaca, Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y                                Quintana Roo.  No dura mucho en ningún lugar. 

 

(Como Martina tardaba en hurgar en su cesta, el Perico le picó con fuerza las frutillas de su elegante sombrero.)

 

Martina:         (Asustada)  ¡Recórcholis!

 

(Martina saca una nuez y se la ofrece a Perico que la toma con prisa y groseramente  Se retira rápidamente al otro lado del escenario para que nadie lo moleste. El Tucán se arroja sobre Martina con gran estruendo.   Martina se tambalea y el Guardián la tiene que sujetar para que no caiga al suelo.  Ambos se miran asombrados.

 

Martina:         (Enojada)  ¡Ay, pico de canoa! ¿Cuándo perderás esa costumbre?  ¡Un día te                                     matarás!

 

Guardián:        (Inquisitivo)  ¿A qué se debe eso, Martina? 

 

Martina:         (Con mucha paciencia)  Se me olvidó que no debo ponerme zapatos tenis cuando                               los visito a Uds.  Lo que sucede es que este tucán tuvo la mala suerte de haber                               recibido más de una patada del hijo de su antiguo dueño, un chiquillo malísimo                                 que siempre usaba zapatos tenis.  Desde entonces nuestro amigo el Tucán no                                 puede evitar entrarle a picotazos a todos los que aparecen en su camino usando                                     zapatos tenis. 

 

Guardián:       (Con alivio)  ¡Qué bueno que me lo dijo!  Ya sé como debo evitar los picotazos                                  de este violento Tucán.

 

(La Cotorra Muda da dos vueltas por el escenario y finalmente se acerca a Martina.  Se “posa” cerca de la cesta de Martina y toma turnos para mirar inquisitivamente a Martina y dentro de la cesta.  Martina le sonrie.)

 

Martina:         (Dirigiéndose al Guardián)  Quiere semillas de girasol.

 

Guardián:       Pero, dígame Martina.  ¿Cómo puede Ud. saber eso?  Esta cotorrita es muda.

 

Martina:         (Mientras saca de la cesta las semillas y se las ofrece a la Cotorra Muda que las                            come de su mano.)  Cierto, pero no todo lo que uno sabe lo sabe por que lo oye                                 con los oídos o lo ve con los ojos… 

 

Guardián:       (Consternado, rascándose la cabeza).  Algo así dijo el Veterinario. 

 

Martina:         (Ignorando el comentario del Guardián y mirando con compasión la la Cotorra                             Muda)  Nació en las selvas de su país, pero traficantes de aves la trajeron                                             anestesiada desde su país dentro de un oscuro pomo, con una etiqueta que decía:                            “Adorno de Navidad.” Los traficantes se las arreglan para burlar a las autoridades                           y sacar a los animales de sus territorios en las formas más astutas, con ello ganan                                mucho dinero.  Si la Cotorra Muda no habla debe ser que todavía le dura el susto                             del viaje.  Pero, Señor Guardián, le gustan mucho las semillas de girasol, por eso                                   yo nunca las olvido.

 

(La Cotorra Muda regresa satisfecha a su lugar en las gradas y Martina hace que busca algo en la cesta.  El Loro que está en las gradas se arranca una pluma roja, la lanza y la misma cae cerca de Martina. Desde las gradas grita el Loro.)

 

Loro:               (A gritos)  ¡Metiche!  ¡Latosa!  ¡Bruuuuuuuuta!

 

(Martina y el Guardián vuelve la vista hacia las gradas con desagrado.)

 

Loro:               (A gritos, de nuevo)  ¡Bruuuuuta!  ¡Vete, vete!

 

Martina:         (Con fuerza)  ¡Basta!

 

Loro:               ¡Apestosa!

 

Martina:         (Tomando la sombrilla y señalando a Loro con la punta)  ¡Ya aprenderás!                                       ¡Verás!

 

(Loro se arranca otra pluma y la lanza por el aire.  Martina y el Guardián se miran frustrados.)

 

Guardián:       Seguimos en las misma.  Todos los días se despluma. 

 

Martina:         (Resignada)  Con otros loros he tenido más suerte pero este no ha podido                                            recuperarse de su trauma.  Tuvo un dueño de muy malas costumbres que lo                               llevaba de bar en bar por Playa de Cancún para hacer reír a sus amigotes.

 

Guardián:       (Confundido)  Eso lo sabe Ud. que entiende lo que yo no veo ni oigo.  (Con                            firmeza)  Pero lo que sí sé por mi cuenta es que las madres sacan espantadas a sus                                  hijitos pequeños de aquí para que no aprendan esas palabrotas que dice el Loro.

 

(Martina saca de la cesta un higo y se dirige a la Cotorra Muda que la mira con ternura y curiosidad.  Es interceptada por la Cotorra Verde que con el pico toma el higo destinado a la Cotorra Muda.  Martina y la Cotorra Muda se miran por unos segundos en silencio mientras el telón se cierra lentamente.)

 

ESCENA 3

 

(El escenario debe estar en tinieblas.  Las aves están dormidas en las gradas, excepto la Cotorra Muda.  Entra el Guardián con una botella en la mano, tambaleándose.)

 

Guardián:       Fue una gran fiesta en el pueblo.  Estoy cansado y con mucho sueño.  Voy a                             dormir toda la noche.  Espero que estas aves estén dormidas y que no se                                         despierten muy temprano. 

 

(Revisa que todas las aves estén dormidas.  Se detiene delante de  la Cotorra Muda.)

 

Guardián:       ¿Tú no duermes?  Ah, bueno, pero no importa, eres muda y no puedes interumpir                                 mi sueño. 

 

(Se dirige a su silla, se sienta y pone la cabeza sobre la mesa.  Comienza a roncar estrepitósamente.)

 

(Se escucha un golpe seco y un tintinear de metales.  Entra el Barbudo sigilosamente en el escenario.  Ilumina la cara del Guardián con la linterna para confirmar que está dormido y procede hacia las gradas.  Va iluminando una por una las caras de todas las aves.)

 

Barbudo:         Vengo  a buscar a mi loro.  Lo perdí en una apuesta en un bar de Playa del                                           Cancún.  Después supe que su nuevo dueño se aburrió de él y lo trajo a                                                este aviario.  Claro, ¿a quién le va a interesar cargar con ese pajarraco                                              desplumado y parlachín?   A nadie, excepto a mí.  Pero, necesito ganar                                           popularidad con mis amigotes, y el Loro me ayudará.

 

(La Cotorra Muda trata de despertar al Loro y luego a las otras aves sin éxito.  Cuando el Barbudo se acerca a Loro, la Cotorra Muda trata de detenerlo.)

 

Barbudo:         (Enojado)  ¡Maldita!

 

(El Barbudo empuja hacia un lado a la Cotorra Muda y comienza a sacudirr al Loro que está dormido.)

 

Barbudo:         (Cínico)  Estamos cara a cara de nuevo, lorito.  Sigues tan feo y                                                           desplumado como antes; a ver, abre un ojo para que me des la bienvenida.

 

(La Cotorra Muda continua tratando de despertar a las otras aves sin éxito.  El Barbudo sigue sacudiendo al Loro, pero no logra despertarlo.)

 

Barbudo:         ¡Te llevaré!  Después de que nos separamos, he perdido popularidad.

 

(El Loro despierta lentamente.)

 

Loro:               (Medio dormido, en voz baja)  ¡Bruuuuuto!

 

Barbudo:         (Alando a Loro con fuerza)  ¡Nos vamos!

 

(La Cotorra Muda sube lo más alto posible en las gradas.)

 

Cotorra Muda:           (Estridente chillido de cotorra)  ¡Socorro!

 

(Las aves se despiertan asombradas.  El Barbudo se tapa las orejas con las dos manos y suelta al Loro que cae al piso con las alas abiertas, boca abajo.  El Barbudo trata de levantar al Loro pero la Cotorra Muda y las otras aves se le echan encima para atraparlo.  Todas las aves están chillando.  El Barbudo y las aves luchan por unos segundo.  Finalmente el Barbudo huye.  El Guardián sigue dormido.  El telón se cierra rápidamente.)

 

 

ESCENA 4

 

(Se abre el telón lentamente.  El aviario se encuentra en completo desorden.  El Guardián y las aves comienzan a despertarse.  Hay plumas de todos los colores regadas por todo el piso.)

 

Guardián:       (Asombradísimo, mirando a su alrededor)  Pero, ¿qué pasó aquí?  Esto parece un                             campo después de una batalla.   (Comienza a limpiar con desgano.) 

  

(Las aves empiezan a hacer su típico jolgorio.  Entra Martina acompañada de los cinco muchachos del Club de Pájaros Pérdidos.  Miran a su alrededor con asombro.)

 

Martina:         (Moviendo la cabeza en todas las direcciones)  ¡Qué desastre!  Señor Guardián, menos mas que le traigo mis chichos del “Club de Pájaros Pérdidos.”  Ellos podrán ayudarlo.

 

(Los chicos comienzan a recoger plumas rápidamente.)

 

Uno de los Chicos:     (Silbando, admirado de tanto desorden)  Fuuuuuuiiiiuuuu fiuuuu

 

Cotorra Muda:           Fuuuuiiiuuuu fiuuuu…  Fuuuiiuuu fiuuuu

 

(Martina, el Guardián se detienen abruptamente y miran hacia arriba, asombrados.)

 

Martina y Guardián:  ¡Ha silbado la Cotorra Muda!  Ha silbado la Cotorra Muda! 

 

(Loro camina hacia Martina tambaleándose.  Martina y el Guardián se miran asombrados.)

 

Martina:         ¡Oh!  ¿Qué le ha pasado al Loro…? 

 

Guardián:       No tengo idea.  Pero es como si fuera otro Loro….. Y ahora la Cotorra Muda                                     también se ve contenta.

 

(Martina se encoge de hombros y se queda pensativa.  La Cotorra Muda se le acerca y Martina le ofrece un higo que la Cotorra Muda toma con su pico de la mano de Martina.  Luego recuesta la cabeza en el hombro de Martina, agradecida.  Todos miran con ternura la escena por unos segundos.)

 

Martina:         (Compasiva, dirigiéndose a la Cotorra Muda)   Aquí brillan las mismas estrellas                                que brillan en tu país, en esa bella isla del Caribe de donde vienes…  Pero debe                               ser muy duro viajar tan lejos sola y a la fuerza.  (Filosófica)  Es suficiente para                                 enmudecer toda la vida.  Y que trauma, tener que enfrentarse de nuevo a un                                  barbudo, como los de   allá,  tratando de llevarse al  Loro….   Un secuestro como                            el que pasó en aquella ocasión…..    Aunque, bueno, a veces el susto nos hace                          chillar y las pesadillas nos obligan a despertar a nuevos amaneceres… ¡y hasta                          vencer a los enemigos!  (Mira a la Cotorra Muda y las dos sonríen y asienten con                       la cabeza.) 

 

(Las aves chillan y los chicos sonríen.)

 

Guardián         (Rascándose la cabeza)  Y yo sigo sin entender…. Pero estoy feliz.  Ya no tengo                                 una cotorra muda.

           

(El Loro se acerca a Martina humildemente.  Las otras aves también se van acercando a Martina lentamente. 

 

Martina:         (Ofreciéndole una fruta al Loro)  Y hasta el Loro se recupera…..

 

Uno de los Chicos:     (Dirigiéndose a la Cotorra Muda, compasivo)  ¡Cotica… cotorrita!                                       También yo vengo de allí, de aquella isla.

 

(Mientras la Cotorra Muda se acerca al Chico, él repite “Cotica Cotorrita, Cotica Cotorrica, Cotica Cotorrica.”  La Cotorra Muda también repite:  “Cotica Cotorrita, Cotica Cotorrita, Cotica Cotorrica”   Se cierra el telón lentamente.) 

 

 

(Nota:  Se puede poner música de Cuba para finalizar.)

 

FIN

                                                       

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Last modified: November 13, 2007